¿Cuál es la prueba de tu esperanza?
El apóstol Pedro nos enseña a estar siempre preparados para dar razón de la esperanza que hay en nosotros (1 P 3:15). Eso significa que la esperanza que decimos tener necesita pruebas. No es solo una frase bonita: se nota en la forma en que vivimos.
Para tratar esto, quiero mirar contigo una palabra confrontadora de Jesús, la parábola de las diez vírgenes, en Mateo 25:1-13. Cinco eran prudentes y llevaron aceite en sus vasijas. Cinco eran insensatas y llevaron solo sus lámparas. El novio tardó, todas se durmieron, y a medianoche se oyó el grito: ¡ahí viene el novio! Las que estaban preparadas entraron a la fiesta, y se cerró la puerta. Jesús termina diciendo: manténganse despiertos, porque no saben ni el día ni la hora.
1. El contexto de la parábola
1.1 Las señales de la venida de Jesús
Jesús había dicho que del templo no quedaría piedra sobre piedra. En el monte de los Olivos, los discípulos le preguntaron por las señales de su venida, y él responde en Mateo 24 y 25. Parte de eso se cumplió en el año 70, con la destrucción de Jerusalén, pero hay elementos que tienen que ver con la iglesia, con nosotros.
Todas las parábolas de este pasaje tienen un mismo centro: cómo vivir en vigilancia en el Reino de Dios.
1.2 Qué es velar
La vigilancia bíblica no es andar desconfiado. Es estar atento, enfocado en lo que el Señor está haciendo. Lo contrario de velar es vivir distraído, dejando que la vida simplemente pase.
Velar es una disposición del corazón. Es mantener la mirada fija en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe (Heb 12:2). Y la distracción tiene una raíz: la falta de esperanza.
1.3 La boda judía
La parábola usa la boda judía como telón de fondo:
- Las familias hacían el contrato y el novio pagaba la dote.
- El novio volvía a su casa, trabajaba y preparaba el lugar donde viviría con la novia.
- Cuando el padre lo aprobaba, el novio salía en procesión, de noche, hasta la casa de la novia.
- Las damas de honor esperaban con lámparas para iluminar el camino.
Jesús hace exactamente eso. Él fue a prepararnos un lugar (Jn 14:2). La iglesia ya está comprometida con él. Y él vendrá en un tiempo de tinieblas para el mundo, pero no para nosotros, porque tenemos lámpara y tenemos aceite.
1.4 La tardanza del novio
Ya pasaron casi dos mil años, y la promesa sigue en pie. Pedro explica que el Señor no tarda: es paciente, porque quiere que todos lleguen al arrepentimiento (2 P 3:9). Jesús dijo que el evangelio del Reino sería predicado en todo el mundo, y entonces vendría el fin (Mt 24:14). Por eso la urgencia de ir a las naciones es parte de la preparación para la venida de Cristo.
2. La esperanza en el plano personal
2.1 La lámpara y el aceite
Las diez vírgenes tenían lámparas. La lámpara es la religiosidad que todos ven. El aceite en la vasija es la espiritualidad que solo Dios ve.
Hasta que el novio tardó, todas parecían iguales, así como la mala hierba y el trigo solo se distinguen en el tiempo del fruto (Mt 13:24-30). Podemos tener la cara, el lenguaje y las costumbres de un creyente, y aun así ser insensatos.
Fíjate: Jesús primero dice que eran insensatas y después muestra el resultado. Olvidar el aceite no fue un descuido ocasional. Fue fruto de lo que ellas eran. No creían de verdad que el novio vendría, entonces ¿para qué llevar reserva?
2.2 La expectativa no es esperanza
A veces tenemos muchas expectativas y poca esperanza. La expectativa se queda quieta, esperando que otro lo haga todo. La esperanza se prepara y se mueve hacia lo que espera. Dios mismo actúa a favor de quienes esperan en él (Is 64:4).
Piensa en un joven que quiere casarse. Cuídate, trabaja, prepara una casa, busca a alguien que ame a Jesús: todos los consejos son de movimiento. Quien tiene esperanza se mueve.
Así fue con Israel. Dios prometió la tierra, pero el pueblo tuvo que explorarla, organizarse y luchar. En Jericó, Dios derribó las murallas, pero el pueblo todavía tuvo que entrar y pelear. La promesa de Dios es dirección para tu vida, no una invitación a quedarte quieto.
2.3 La prueba de la esperanza en tu espiritualidad
Ahora lleva esto a tu vida con Dios. Dices que quieres más intimidad con el Señor, que quieres ser más usado. Entonces, ¿dónde está tu oración? ¿Dónde está el aceite en tu vasija?
- ¿Quieres ser pastor? ¿Cuánto estudias la Biblia?
- ¿Quieres una relación más profunda? ¿Cómo te estás preparando?
Incluso después de la muerte de Jesús, Pedro no se quedó quieto: volvió a pescar, y Jesús fue a encontrarlo en la playa. Dios va a frustrar nuestras expectativas, pero va a honrar la esperanza que se mueve. Uno siembra, otro riega, pero es Dios quien da el crecimiento (1 Co 3:6-7). ¿Y qué crecimiento va a dar si nadie sembró?
3. El aceite no se presta
Las prudentes no pudieron compartir su aceite. Nadie puede tener esperanza por ti. Tu espiritualidad no se puede delegar al pastor, al líder, a tu papá, a tu mamá o a tu cónyuge. Dios tiene hijos, no tiene nietos. Él quiere una relación contigo.
Cuando las insensatas volvieron, la puerta estaba cerrada, y el novio dijo: no las conozco. Eso debería hacer temblar nuestra alma. Es posible tener lámpara, parecer creyente toda la vida, hasta hacer obras en el nombre de Jesús, y oír que nunca hubo relación (Mt 7:22-23).
Conclusión
Todavía hay gracia. De Jesús está escrito que no quebrará la caña cascada ni apagará la mecha que humea (Mt 12:20; Is 42:3). Él no quiere apagar tu lámpara: quiere llenarla de su aceite. No es casualidad que Jesús haya enseñado esto en el monte de los Olivos, y que la noche en que fue traicionado estuviera en Getsemaní, un nombre ligado a la prensa de aceite.
La prueba de tu esperanza es el aceite que llevas, la reserva de la presencia del Señor que buscas en lo secreto.
Entonces te pregunto: hoy, ¿tu vida muestra una esperanza que se prepara o solo una expectativa quieta? ¿Cuánto aceite hay en tu vasija?