Derribando las fortalezas de la mente
En la vida cristiana enfrentamos al menos tres desafíos: el pecado que habita en nosotros, nuestra naturaleza caída; el diablo, nuestro adversario; y el sistema del mundo. Ninguno de ellos tiene que ver con personas, sino con sistemas y con una guerra espiritual. Aquí quiero tratar el primero: la lucha contra nuestra naturaleza caída, que se manifiesta en las fortalezas de la mente.
El texto base es 2 Corintios 10:3-5. Pablo dice que, aunque somos humanos, no luchamos con armas humanas, sino con armas que tienen el poder de Dios para derribar fortalezas, destruir falsos argumentos y opiniones arrogantes, y llevar cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo. Así como el salmista oró "Examíname, oh Dios" (Sal 139:23), Dios nos llama a reflexionar sobre lo que habita en nuestra mente.
1. Pensamientos alineados generan comportamientos alineados
Muchas veces nos enseñan a ordenar el comportamiento: no hagas esto, no hagas aquello. Eso es bueno y correcto. Pero le damos poca importancia a ordenar los pensamientos.
- Los pensamientos alineados traen comportamientos alineados.
- Los comportamientos alineados no necesariamente traen pensamientos alineados.
- El Señor trabaja de adentro hacia afuera.
2. Cómo se construye una fortaleza
Nadie construye una fortaleza para que sea bonita. Una fortaleza sirve para proteger. Las fortalezas mentales son sistemas que nosotros mismos creamos para protegernos de dolores, miedos y heridas. Pablo describe su estructura, y una analogía ayuda a fijarla:
- Pensamiento rebelde: la piedra.
- Opinión arrogante: la mezcla.
- Falso argumento: la pared.
- Fortaleza: la construcción terminada.
Pablo va de la fortaleza al pensamiento. Vamos a hacer el camino inverso, porque toda fortaleza comienza con una sola piedra.
2.1 Todo comienza con un pensamiento
Ningún pensamiento es neutral. O viene de Dios y de su Palabra, o de nuestra naturaleza caída, o de las flechas encendidas del maligno (Ef 6:16), o del sistema del mundo. El diablo no conoce tus pensamientos, pero conoce tu comportamiento y anda alrededor buscando a quien devorar (1 P 5:8). Por eso necesitamos el casco de la salvación (Ef 6:17).
A veces el pensamiento nace de algo real: alguien te mintió, te traicionó, te hirió. No negamos lo que pasó, pero necesitamos tratar nuestra reacción. Dos personas te mintieron y enseguida llega la conclusión: "ya no le creo a nadie". Listo: dos piedras, un poco de mezcla, y la pared comenzó.
Y no pienses solo en sensualidad. ¿Cuántos pensamientos envidiosos, orgullosos y egoístas pasan por nuestra mente sin ser tratados? Vuelven porque no fueron reprendidos. Hay pensamientos que necesitas reprender con tu propia boca, en el nombre de Jesús. No es pensamiento contra pensamiento: es palabra contra pensamiento.
2.2 El sistema del mundo también siembra piedras
Basta con abrir las redes sociales para ver una avalancha de ideas sobre lo que deberíamos hacer, tener o ser, sin respaldo en la Palabra. Eso entra, lo piensas y lo repiensas, empiezas a sentirlo, y se convierte en resentimiento. Por eso necesitamos cuidar los ojos y los oídos.
3. Los pensamientos rebeldes tienen que ser capturados
El lenguaje de Pablo es de guerra. Dios está de nuestro lado, pero eso no nos saca de la lucha. Los pensamientos rebeldes no se tratan siendo amable con uno mismo: tienen que ser capturados y sometidos.
Somos desconfiados de los demás, pero poco desconfiados de nosotros mismos. Pedro, con buena intención, intentó impedir que Jesús fuera a la cruz y escuchó: "¡Aléjate de mí, Satanás!" (Mt 16:23). Nuestros pensamientos también necesitan discernimiento. Tenemos la mente de Cristo (1 Co 2:16).
3.1 Lleva tus pensamientos a Jesús
Examinar los pensamientos es ponerlos a la luz de la Palabra y entregárselos a Jesús en oración. "Pero él ya lo sabe". Sí, pero la oración es relación. Depositamos en él toda nuestra ansiedad porque él cuida de nosotros (1 P 5:7).
- Confiesa al detalle, no al por mayor: ponle nombre a la envidia, a la mentira, a lo que viste y dijiste.
- Entra en tu cuarto y cierra la puerta (Mt 6:6): eres tú, tus pensamientos y Dios.
- Lo que se expone al Señor es tratado. Lo que queda escondido en la mente no se somete a Cristo.
4. Las opiniones arrogantes generan falsos argumentos
La terquedad es la opinión arrogante de quien no desconfía de nada de lo que piensa. La Biblia lo llama ser duro de cerviz, como Esteban denunció en Hechos 7:51. Esa mezcla une los pensamientos y crea sofismas: falsas verdades con apariencia de verdad.
Una mentira es fácil de identificar. Un sofisma es peor, porque parece verdad. Los fariseos declaraban "corbán" el dinero que debía sostener a su padre y a su madre (Mc 7:11). Parecía piedad, pero era desobediencia. El avaro dice que es "ahorrativo" y que se está preparando para las vacas flacas que nunca llegan. Son fortalezas con apariencia de virtud, construidas para justificar pecados.
5. La fortaleza terminada y su precio
Una fortaleza es un sistema de creencias que responde sin pensar. "Eso yo no lo hago". ¿Por qué? "Porque un día me hirieron". Una empresa que quebró, una relación abusiva, y la conclusión es no volver a intentarlo nunca más.
El problema es que, mientras las fortalezas sigan en pie, no vas a experimentar la voluntad de Dios. Ellas ya decidieron lo que aceptas y lo que no. Y la protección termina llevando a la rebeldía: Dios manda A, y tú haces B, algo incluso bueno, solo para no enfrentar lo que duele.
6. Solo las armas espirituales derriban fortalezas
La terapia lo llama sistema de creencias, el coach lo llama mentalidad, la neurociencia lo llama hábito. No dejes tu terapia, pero entiende: resignificar o reprogramar una fortaleza no es derribarla. Las fortalezas espirituales exigen armas espirituales: la Palabra de Dios y el poder de Dios.
Y ninguna fortaleza cae de un momento a otro. Es un proceso diario de lectura de la Palabra, oración y confesión, en el que el Señor va trabajando en tu mente y en tu corazón.
Conclusión
Toda fortaleza comienza con una piedra, y toda piedra puede ser capturada antes de convertirse en pared. El Señor quiere iluminar tu corazón para iniciar ese proceso hoy. Derrama delante de él lo que está en tu mente, los pecados y los deseos del corazón, y deja que él te trate de adentro hacia afuera.
¿Qué fortaleza de tu mente te ha impedido obedecer lo que Dios te está pidiendo?