Neto GregórioNeto Gregório

El propósito global de Dios

El teólogo británico John Stott dijo que debemos ser cristianos globales, con una visión global, porque nuestro Dios es un Dios global. Esa frase resume lo que quiero compartir contigo: el propósito de Dios es global.

Antes de subir al cielo, después de pasar 40 días con los discípulos, Jesús comisiona a la iglesia. Los discípulos le preguntan: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel?" Y Jesús responde que no les toca a ellos conocer la hora ni el momento que el Padre ha determinado, pero que recibirían poder cuando el Espíritu Santo viniera sobre ellos y serían sus testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra (Hechos 1:6-8).

1. Dios piensa en el todo

En Babel, los hombres intentaron alcanzar el cielo con su propia fuerza, y Dios confundió las lenguas y los dispersó (Génesis 11). En Pentecostés sucede lo contrario: personas de muchas regiones oyen a los discípulos proclamar las maravillas de Dios en su propio idioma (Hechos 2). Donde había confusión, ahora hay dirección y capacitación.

Nosotros resolvemos los problemas por partes. Dios piensa en el todo sin dejar de pensar en la parte. Él no piensa primero en tu ciudad para después pensar en el mundo. Piensa en el mundo, y dentro de ese plan están tu ciudad, tu barrio y tú.

1.1 La mentalidad del diminutivo

Nuestra naturaleza tiende a la escasez y a lo pequeño. La crianza que tuvimos, las frustraciones y la falta de ánimo también nos hacen mirar la vida en pequeño. Cuando un hijo sueña en grande, muchas veces respondemos a partir de los recursos que creemos tener, y no del propósito.

Dios nunca pensó: "¿Me alcanzará para pagarlo?" Cuando pidió un tabernáculo de madera de acacia recubierta de oro, pensó a partir del propósito. Mucho de lo que Dios tiene no lo disfrutamos porque pensamos la vida a partir de los recursos, y no a partir del propósito.

2. El tiempo le pertenece a Dios

La primera pregunta de los discípulos revela una perspectiva limitada: "¿Es este el tiempo?" Jesús quiere derramar el Espíritu y ellos están preocupados por el reloj. Muchas veces hacemos las preguntas equivocadas, y Jesús nos da las respuestas correctas. Santiago dice que pedimos y no recibimos porque pedimos con malas intenciones (Santiago 4:3).

Su pregunta usa la idea de chronos, el tiempo del reloj. Jesús responde hablando de tiempos y momentos, incluido el kairós, el tiempo oportuno en que Dios actúa. Ninguno de los dos está bajo nuestro control.

Jesús ya había enseñado: busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas les serán añadidas (Mateo 6:33). El reino es el todo; las otras cosas son las partes. Y lo que nos pone ansiosos son justamente las partes.

El cuándo le corresponde a Dios. A nosotros nos corresponden el qué y el cómo: qué quiere Jesús que yo haga y cómo quiere que lo haga la iglesia.

3. El reino es de Dios, no nuestro

Después de tres años oyendo a Jesús hablar del reino de Dios, los discípulos preguntan por el reino de Israel. Estaban preocupados por una restauración personal y nacional, no por la expansión global del reino. Estaban cansados de Roma y querían una solución para lo que les concernía.

La iglesia no es un edificio, sino la novia de Cristo, que une a los cristianos del mundo entero. Fue a ella a quien Dios le dio la misión.

  • Tu trabajo, tu matrimonio, tus hijos: todo forma parte de esa misión.
  • No se trata solo de servir como voluntario, sino de entender que nada de tu vida está al margen del propósito de Dios.
  • El propósito de Dios para ti está entretejido en la historia que Él escribe con su iglesia.

No es Dios quien entra en nuestra historia. Somos nosotros quienes entramos en la historia de Dios. Y si dejas de construir tu propio reino, tus cosas serán restauradas mejor de lo que imaginas.

4. Poder para cumplir el propósito

Jesús promete poder. La palabra griega es dynamis, de donde vienen "dinamita" y "dinámica". El poder del Espíritu es explosivo y transformador.

Muchas veces, pensando en nuestro reino, preferimos el esfuerzo. El esfuerzo es bueno cuando está conectado con lo que Dios está haciendo. Pero hay cosas en tu matrimonio, en tu empresa y en tus relaciones que necesitan la acción del Espíritu. Dios le dijo a Zorobabel que la obra no se haría con fuerza ni con poder humano, sino con su Espíritu (Zacarías 4:6).

El poder de Dios no se queda en el templo después del culto. El Espíritu Santo va contigo: Él te anima, te recuerda lo que Jesús dijo y pone palabras en tu boca.

5. Serán mis testigos

Jesús no dijo que daríamos testimonios, sino que seríamos testigos. Testigo es quien vio, oyó y experimentó, no quien oyó hablar de alguien. La palabra griega es martys, de donde viene "mártir": alguien que entrega la vida por la verdad que lleva. Y la verdad es que Jesús está vivo.

D. L. Moody decía que tal vez el mundo no lea la Biblia, pero sí lee la vida del cristiano. ¿Qué Biblia está leyendo la gente en tu vida? ¿Ven a un Jesús vivo?

No es aceptable vivir en la iglesia y no tener experiencias con Dios, no oír su voz, no leer la Palabra, no sentir su presencia. Job dijo que antes conocía a Dios solo de oídas, pero que ahora sus ojos lo veían (Job 42:5). Jesús aseguró que el Padre dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan (Lucas 11:13).

Conclusión

Dios necesita testigos: personas que construyen su vida a partir de su propósito, que dejan el tiempo en las manos del Padre, que buscan el reino de Dios y no el propio, y que viven llenas del poder del Espíritu.

¿Cuándo fue la última vez que oíste a Jesús hablarle a tu corazón, y qué está leyendo la gente en tu vida hoy?