Equivocarse es parte del camino

Equivocarse no es solo humano, es lo más humano que hay. No solo tengo que lidiar con mis propios errores; tengo que lidiar con los errores de los demás.
¿Cuál es el problema? No sé lidiar con mis propios errores, así que tengo una enorme dificultad para lidiar con los del otro.
Sin embargo, nadie me lo dijo nunca. Entonces soy cruel con los demás porque soy cruel conmigo mismo. A eso lo llamo exigencia, una palabra más bonita para la crueldad.
También me siento bien por supuestamente no ser hipócrita, ya que solo les exijo a los demás lo que ya me exigí a mí mismo.
Eso me lleva a un ciclo de culpa.
Este ciclo hace que base mi vida en errores y aciertos. Entonces, cuando acierto, creo que estoy en lo correcto. Cuando me equivoco, creo que estoy equivocado.
Idealizo una perfección imposible y a veces creo haber llegado allí. Mantengo las apariencias y eso genera algo molesto en mí: orgullo.
Cuando me equivoco, esa fachada se rompe y vuelvo a mi ciclo de culpa.
Y así voy viviendo entre errores y aciertos, creyendo que la vida, el trabajo y las relaciones están basados en mi perfección, no en mi humanidad.
Olvido que quien me acepta por mi perfección en realidad no me acepta, porque ella no existe. Y en este momento, estoy hablando de mí mismo.
Me doy cuenta de que lo que me falta es aceptar mis errores y no pensar que mis aciertos son créditos creados para pagar los errores que cometí.
Al final, no necesitaría sufrir por aceptación. Hay Uno que me aceptó y no tomó en cuenta mis errores. Y eso es todo lo que necesito para vivir libre de la culpa que cargo.
** La mayoría de las veces, como en este texto, los errores no te impiden entender el mensaje. Sé más ligero, la vida es corta 😉*