Neto Gregório Neto Gregório

No te escondas de la grandeza que deseas

Faça algo grande! (Clark Tibbs)
Clark Tibbs

¿Por qué es tan difícil admitir que deseas algo grande? ¿Por qué fingimos estar satisfechos con lo "básico" cuando en el fondo sabemos que hay sueños más grandes ardiendo en nuestro pecho?

La falsa humildad se ha convertido en una epidemia silenciosa entre los cristianos. Escondemos nuestros sueños, minimizamos nuestros talentos y fingimos que no queremos "nada demasiado grande", todo en nombre de una supuesta espiritualidad. Pero, ¿realmente esa postura agrada a Dios?

La falsa humildad es una resistencia disfrazada

¿Alguna vez te has detenido a pensar que quizás estás resistiendo los propios planes de Dios para tu vida? Cuando te niegas a reconocer los talentos que Él puso en ti, cuando minimizas los sueños que Él plantó en tu corazón, no estás siendo humilde: estás siendo resistente.

A quien resiste al orgulloso es Dios. El falso humilde se convierte en su propia resistencia.

La verdadera humildad reconoce de dónde vienen los dones y los entrega en manos de quien los dio. La falsa humildad niega que existen o minimiza su importancia. Una glorifica a Dios, la otra Lo deshonra.

Dios no le teme a tu grandeza

Aquí hay una verdad que puede incomodar: Dios no plantó mediocridad en ti. No te creó para vivir una vida pequeña, insignificante, sin impacto. Los talentos que tienes, los sueños que arden en tu pecho, la visión que Él puso en tus ojos: todo eso vino de Él.

¿Por qué entonces tienes miedo de buscarlos? ¿Por qué te sientes culpable por querer más? La respuesta, la mayoría de las veces, está en lo que aprendimos sobre "ser cristiano". Confundimos humildad con pequeñez, mansedumbre con mediocridad.

Pero Jesús no fue pequeño. Pablo no fue insignificante. David no vivió una vida mediocre. Fueron grandes porque entendieron que la verdadera grandeza viene de Dios y es para Dios.

El peligro del resentimiento disfrazado

Ten cuidado con algo todavía más peligroso: cuando niegas tus sueños por demasiado tiempo, el resentimiento comienza a crecer. Ves a tus amigos viviendo vidas que secretamente querrías vivir. Ves a personas alcanzando objetivos que tú también deseas, pero que nunca admitiste querer.

Y entonces comienzas a criticar. "Son muy ambiciosos", "solo piensan en dinero", "perdieron la humildad". Pero la verdad es que estás resentido porque no tuviste el valor de admitir que tú también deseabas eso.

La verdadera humildad no disminuye tus sueños: los entrega a Dios.

La libertad de tener convicciones propias

Pablo nos enseña en Romanos 14:22: "Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba". Tienes el derecho de tener convicciones propias sobre lo que Dios quiere para tu vida. Tienes el derecho de soñar en grande, de buscar la excelencia, de querer impactar el mundo.

Lo que no puedes es fingir que no quieres esas cosas para parecer más espiritual. Lo que no puedes es juzgar a otros que están buscando aquello que tú secretamente deseas. Sé honesto: primero con Dios, luego contigo mismo, y entonces con los demás.

Deja de esconderte de tu grandeza

¿Qué sueño has escondido por "humildad"? ¿Qué talento has minimizado por miedo a parecer orgulloso? ¿Qué visión Dios puso en tu corazón que has fingido que no existe?

Es hora de dejar de esconderte. Es hora de reconocer que Dios te hizo para ser grande: no grande a tus propios ojos, sino grande en Sus propósitos. Es hora de entregar esos sueños en Sus manos y permitir que Él los use para Su gloria.

La verdadera humildad no disminuye quién eres: reconoce quién te hizo así. Deja de resistir la grandeza que Dios plantó en ti. El mundo la necesita.