No te escondas de la grandeza que deseas
¿Por qué es tan difícil admitir que deseas algo grande? ¿Por qué fingimos estar satisfechos con lo "básico" cuando en realidad sabemos que hay sueños más grandes quemando en nuestro pecho?
La falsa humildad se ha convertido en una epidemia silenciosa entre los cristianos. Ocultamos nuestros sueños, minimizamos nuestros talentos y fingimos que no queremos "nada más" - todo en nombre de una supuesta espiritualidad. Pero ¿será que esa postura realmente agrada a Dios?
La falsa humildad es una resistencia disfrazada
¿Alguna vez has pensado que tal vez estés resistiendo a los planes de Dios para tu vida? Cuando te niegas a reconocer los talentos que Él puso en ti, cuando minimizas los sueños que Él plantó en tu corazón, no estás siendo humilde - estás siendo resistente.
Quién resiste al orgulloso es Dios. El falso humilde se convierte en su propia resistencia.
La verdadera humildad reconoce de dónde vienen los dones y los entrega en las manos de quien los dio. La falsa humildad niega que existan o minimiza su importancia. Una gloria a Dios, la otra lo desonra.
Dios no tiene miedo de tu grandeza
Aquí está una verdad que puede incomodar: Dios no plantó mediocridad en ti. Él no te creó para vivir una vida pequeña, insignificante, sin impacto. Los talentos que tienes, los sueños que quemaban en tu pecho, la visión que Él puso en tus ojos - todo eso vino de Él.
¿Por qué entonces tienes miedo de buscarlos? ¿Por qué te sientes culpado por querer más? La respuesta, la mayoría de las veces, está en lo que aprendimos sobre "ser cristiano". Confundimos humildad con pequeñez, mansedumbre con mediocridad.
Pero Jesús no fue pequeño. Pablo no fue insignificante. David no vivió una vida mediana. Fueron grandes porque entendieron que la verdadera grandeza viene de Dios y es para Dios.
El peligro del resentimiento disfrazado
Ten cuidado con algo aún más peligroso: cuando niegas tus sueños por mucho tiempo, el resentimiento comienza a crecer. Ves a tus amigos viviendo vidas que secretamente deseas vivir. Ves a personas alcanzando objetivos que tú también deseas, pero que nunca admitiste querer.
Y entonces comienzas a criticar. "Eles son muy ambiciosos", "solo piensan en dinero", "han perdido la humildad". Pero la verdad es que estás resentido porque no tuviste la coraje de admitir que también deseabas aquello.
La verdadera humildad no disminuye tus sueños - los entrega a Dios.
La libertad de tener convicciones propias
Pablo nos enseña en Romanos 14:22: "Feliz es quien no se siente culpado por hacer algo que considera correcto". Tienes el derecho de tener convicciones propias sobre lo que Dios quiere para tu vida. Tienes el derecho de soñar grande, buscar excelencia, querer impactar al mundo.
Lo que no puedes es fingir que no quieres esas cosas para parecer más espiritual. Lo que no puedes es juzgar a otros que están buscando aquello que tú secretamente deseas. Sé honesto - primero con Dios, después contigo mismo, y entonces con los demás.
Deja de esconderte de tu grandeza
¿Cuál es el sueño que has escondido por "humildad"? ¿Cuál es el talento que has minimizado por miedo de parecer orgulloso? ¿Cuál es la visión que Dios puso en tu corazón que has fingido que no existe?
Es hora de dejar de esconderte. Es hora de reconocer que Dios te hizo para ser grande - no grande a tus ojos, sino grande en los propósitos de Él. Es hora de entregar esos sueños en las manos de Él y permitir que Él los use para Su gloria.
La verdadera humildad no disminuye quién eres - la reconoce a quien te hizo así. Deja de resistir a la grandeza que Dios plantó en ti. El mundo necesita de ella.