Redención vs. resolución

«¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!» Juan 8:7
Contexto:
- Fiesta de las Enramadas: Israel vivía en enramadas para recordar los años en el desierto (Lv 23:42-43).
- El atrio del templo, donde todos podían entrar. Una multitud reunida para escuchar a Jesús (Jn 8:2).
- En medio de la fiesta, el pecado de una mujer expuesto delante de todos (Jn 8:3-4).
Introducción:
- La redención libera el entendimiento que estaba esclavo. Es interna.
- La resolución resuelve un problema. Es externa. Resolver un problema no exige cambiar la mente.
- El discipulado es la manera de Jesús de redimir personas, no de resolver problemas.
1. Jesús es el redentor de nuestra alma, no el que resuelve nuestros problemas (Jn 3:17).
- «Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él» (Jn 3:17).
- La redención transforma la mentalidad, trae esperanza y nos hace hijos.
- La redención no siempre cambia las circunstancias. Cambia la perspectiva.
- A veces Dios no va a resolver tu problema. Te va a mostrar que, en realidad, no tienes un problema.
2. La redención trae resolución, pero la resolución no trae redención.
- Quien busca en Dios solo la solución de sus problemas vive de expectativas y se vuelve esclavo de ellas.
- Quien fue redimido aprende a atravesar el problema como hijo.
3. Los fariseos querían resolver tres problemas, y ninguno era redimir a alguien (Jn 8:6).
- El problema de la mujer: el pecado. Su solución: las piedras.
- El «problema Jesús»: «Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra» (Jn 8:6).
- El problema del pueblo: desacreditar la enseñanza de Jesús para volver a ser escuchados.
4. Quien solo quiere resolver el problema de los demás siempre está listo para apedrearlos (Jn 8:5).
- La ley castigaba a los dos: «tanto el hombre como la mujer que cometieron adulterio serán ejecutados» (Lv 20:10). ¿Dónde estaba el hombre?
- Los testigos debían arrojar las primeras piedras (Dt 17:7). Jesús les devuelve esa regla a los acusadores (Jn 8:7).
- Exponer a la mujer delante de la multitud era una manera de avergonzar a Jesús, no de restaurar a nadie.
5. Jesús saca a la mujer del centro y pone a los acusadores en su lugar (Jn 8:7-9).
- Escribe en el polvo y les da tiempo para pensar en lo que están haciendo. Ellos querían una respuesta.
- No los condena. Hace que miren el problema desde otro ángulo.
- Se fueron «retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad» (Jn 8:9): en orden de importancia, no en orden de confesión. Fueron vencidos en su religiosidad, no convencidos en el corazón.
6. Una pregunta para redimir, una respuesta para resolver (Jn 8:10-11).
- A los fariseos, Jesús les da una respuesta. A la mujer, le hace una pregunta: «¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?» (Jn 8:10).
- Jesús escuchó el juicio de ella no como quien quiere condenar, sino como quien quiere liberar.
- Tampoco aprobó el pecado: «Yo tampoco», le dijo Jesús. «Vete y no peques más» (Jn 8:11).
Conclusión:
Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. Juan 3:17
- Deja de pedirle a Dios solo la solución del problema. Pide redención.
- ¿Tienes una piedra en la mano o estás delante de Jesús?