Alineando nuestra espiritualidad a Cristo

Hoy quiero ministrar sobre alinear nuestra espiritualidad a Cristo. Esta es una segunda parte esencial porque se trata de otro nivel de nuestra vida, un complemento para comprender más de Dios.
La palabra base para este mensaje está en Juan 3:1-12:
Había un fariseo llamado Nicodemo, líder religioso entre los judíos. Una noche, vino a hablar con Jesús y le dijo: "Rabí, todos sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos. Tus señales son prueba de que Dios está contigo." Jesús respondió: "Te digo la verdad: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios."
Jesús se encuentra con Nicodemo, uno de los tres hombres más importantes del Sanedrín, el consejo gubernamental de Israel. El Sanedrín no separaba religión y estado; los 70 hombres que lo componían gobernaban al pueblo en ambas esferas. Nicodemo, probablemente, era el presidente de ese consejo y reconocía que había algo divino en Jesús. Sin embargo, en lugar de entenderlo espiritualmente, su lógica y religiosidad lo limitaban.
La Diferencia Entre Espiritualidad y Emociones
En el mensaje anterior, hablamos sobre cómo Jesús tenía emociones y no las reprimía, pero no era guiado por ellas. A diferencia de nosotros, que frecuentemente tomamos decisiones basadas en lo que sentimos, Cristo vivía en plena sintonía con el Espíritu. Así, para alinear nuestra espiritualidad a Cristo, necesitamos comprender algunas verdades fundamentales:
- Somos seres tripartitos - espíritu, alma y cuerpo.
- Nuestro espíritu es la parte más profunda de nuestro ser y es donde nos conectamos con Dios.
- Nuestra alma es la sede de las emociones, el intelecto y los pensamientos.
- Nuestro cuerpo nos permite experimentar el mundo a través de los sentidos.
Nuestro espíritu es nuestra nueva naturaleza en Cristo. Si hemos nacido de nuevo, nuestro espíritu está vivo y conectado a Dios. Sin embargo, nuestra vieja naturaleza, el alma y el cuerpo, aún carga deseos, hábitos y voluntades carnales.
Los Tres Tipos de Personas desde la Perspectiva Espiritual
- El Hombre Natural - Aquel que aún no ha nacido de nuevo y no puede comprender las cosas del Espíritu (1 Corintios 2:14).
- El Hombre Carnal - Aquel que ya nació de nuevo, pero aún vive gobernado por la carne.
- El Hombre Espiritual - Aquel que, como Cristo, es guiado por el Espíritu Santo y no por su carne ni sus emociones.
¿Cómo Ocurren las Interacciones Entre Espíritu, Alma y Cuerpo?
- Las obras de la carne se producen en la vieja naturaleza.
- El Espíritu Santo habita y llena nuestro espíritu.
- El fruto del espíritu se produce en nuestro interior.
En Gálatas 5, Pablo hace una contraposición entre las obras de la carne y el fruto del Espíritu. Muchas veces confundimos características de nuestra personalidad con frutos del Espíritu, pero son cosas distintas. El fruto del Espíritu no es algo natural del alma; necesita ser cultivado por el Espíritu Santo en nosotros.
El Espíritu Santo No es Solo un Detector de Pecado
Muchas personas entienden al Espíritu Santo como aquel que solo está para señalarnos los pecados, pero su papel principal es guiarnos a toda la verdad (Juan 16:13). Cuando pecamos, es la palabra dentro de nosotros la que nos confronta. Cuanto más nos llenamos de la palabra, menos caemos en pecado.
¿Qué Obstaculiza Nuestra Espiritualidad?
- Nuestra racionalidad - Intentamos explicar a Dios de manera lógica y limitamos su actuar.
- Nuestra religiosidad - Creamos barreras basadas en reglas humanas que nos impiden vivir una fe genuina.
- Nuestra carnalidad - Vivimos para complacer los deseos de la carne en vez de buscar las cosas del Espíritu.
- Nuestras emociones descontroladas - Si no alineamos nuestras emociones a Cristo, ellas nos gobiernan y nos alejan de la verdadera espiritualidad.
Conclusión
Jesús nos enseña que la vida espiritual no se trata de rituales, lógica o emociones desenfrenadas. Él nos llama a una relación profunda con el Padre, donde el Espíritu Santo nos guía en toda la verdad. La pregunta es: ¿estamos permitiendo que el Espíritu Santo nos guíe o estamos limitados por nuestra lógica y tradiciones?
Que podamos elegir vivir una espiritualidad alineada a Cristo, donde no seamos guiados por emociones, reglas humanas o racionalizaciones, sino por el Espíritu Santo que habita en nosotros.