El milagro no es el fin, es el comienzo
La Biblia es un libro lleno de milagros: ángeles que aparecen, ciegos que gritan por Jesús, muertos que resucitan, hasta la sombra de Pedro y pañuelos que traen sanidad. Pero, cuando llega nuestro turno, parece que solo sabemos hablar de proceso y de desierto. En algún momento la iglesia dejó de esperar el milagro, esa cosa imposible que sucede de repente y te sorprende cuando pensabas que ya no había salida.
Quiero mirar contigo Marcos 5:24-34, la historia de la mujer que sufría desde hacía doce años de hemorragias, y mostrarte una verdad sencilla: el milagro no es el fin, es el comienzo.
1. Una mujer excluida y un plan secreto
Jesús había cruzado el mar de Galilea, calmado la tempestad y liberado al endemoniado gadareno. Al volver, una multitud lo esperaba, y Jairo le pidió que fuera a sanar a su hija de doce años. En medio de ese camino aparece la mujer del flujo de sangre.
1.1 Doce años de impureza
Según Levítico 15, quien tenía ese tipo de enfermedad era considerado impuro y hacía impuro todo lo que tocaba. Por eso esa mujer vivía aislada, como los leprosos. Su problema no estaba solo en el cuerpo: era un dolor en el alma, porque estaba privada de relaciones. Si la multitud descubría que estaba allí, tocándolos a todos, hasta podrían querer apedrearla.
1.2 Tocar el borde del manto
Entonces armó una estrategia: acercarse por detrás, sin ser vista, tocar el manto de Jesús, ser sanada e irse sin que nadie lo notara. Los rabinos usaban un manto con flecos en los bordes, que recordaban la ley de Dios, y Malaquías 4:2 profetiza el sol de justicia que trae sanidad en sus alas. Ella había oído de la fama de Jesús y fue tras esa sanidad.
2. Cuando el milagro se vuelve un fin en sí mismo
No había nada de malo en buscar el milagro, y Jesús no la reprende por eso. Pero en su corazón ella trataba el milagro como un punto final: recibo mi sanidad, resuelvo mi vida y me voy.
Nosotros hacemos lo mismo. Decimos: "Señor, solo resuelve esto, lo demás me lo arreglo yo". Convertimos una imposibilidad en un muro en medio del camino, como el jefe final de un videojuego que no te deja pasar de nivel, y paralizamos todas las áreas de la vida por su culpa.
3. Las justificaciones religiosas que bloquean el milagro
Cuando el milagro no llega, nuestra mente crea religiosidad para justificarse.
3.1 "Yo solo quiero tu presencia"
Suena espiritual, pero en la Palabra la presencia de Dios nunca está separada de su bendición. Imagina a mi hija pasando frío y hambre a mi lado y diciéndome: "Papá, no necesitas darme comida ni ropa, yo solo quiero tu presencia". Ningún buen padre aceptaría eso. Como siervos que miran la mano de su amo (Sal 123:2), nosotros esperamos en el Señor.
3.2 "Estoy en el proceso"
Aceptamos el proceso demasiado rápido, muchas veces porque tenemos miedo de pedir y frustrarnos. Jesús no necesita tu autorización para ponerte en un proceso. Pero es más fácil decir que llevamos doce años en el desierto que admitir que dejamos de buscar.
3.3 Justificando a Dios antes de tiempo
Hacemos una oración y enseguida le ponemos fecha de vencimiento: "Si en treinta días no sucede, ya sé la respuesta". O decimos: "Si no lo haces, Señor, no te preocupes". Dios no necesita nuestra validación. Jesús dijo: pidan, busquen, llamen (Mt 7:7-8).
3.4 Achicando el sueño
Quien tiene un llamado a ser médico y no tiene dinero termina estudiando la carrera que puede pagar, y encima le da gracias a Dios por eso. Partimos las imposibilidades en pedacitos que podemos resolver solos. Mi esposa y yo, sin recursos, recibimos de Dios nuestros cursos gratis. Hay cosas que ninguna calculadora resuelve: solo Dios.
Jesús enseñó que, si nosotros, siendo malos, sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos, cuánto más el Padre (Mt 7:11). Y Pablo pregunta: si Dios no escatimó ni a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8:32).
4. Buscar el milagro es parte del camino
La necesidad de un milagro nos impulsa a orar, clamar, ayunar y buscar a Dios. Para un padre, ayudar al hijo en lo imposible no es una carga, es un placer.
- Deja que Dios diga el no. No digas el no por él.
- Abraham pasó años y años pidiendo un hijo antes de ver la promesa.
- Todos apretujaban a Jesús, pero solo una persona lo tocó con fe.
5. Jesús convierte el milagro en relación
Jesús preguntó: "¿Quién me ha tocado la ropa?". Él sabía, pero no quiso avergonzarla. Le dio la oportunidad de manifestarse, y ella le contó toda la verdad delante de la multitud.
Entonces Jesús la llamó "hija". Él reposicionó la identidad de aquella mujer. Aun con una búsqueda imperfecta, mirando el milagro como un fin, Jesús exaltó su fe. La palabra original detrás de "te ha sanado" es la misma que se usa para "salvar", y apunta a una restauración completa: cuerpo, alma y vida. "Vete en paz y queda sana de tu aflicción".
Nuestra búsqueda puede ser inmadura, y la madurez puede corregirnos después. Pero sigue siendo búsqueda, y el Padre la recibe.
Conclusión
Dios es un buen Padre y en él no hay escasez. No uses la Biblia contra la Biblia, ni dejes que la religiosidad apague tu esperanza. Vuelve a pedir, a llamar y a buscar, y permite que el milagro sea el comienzo de una relación más profunda con Jesús.
¿Qué imposibilidad en tu vida dejaste de presentarle a Dios porque, sin darte cuenta, dijiste el no en su lugar?