Neto GregórioNeto Gregório

¡Sal de tu tienda!

En Génesis 15:1-6, el Señor le habla a Abram en una visión: no tengas miedo, yo soy tu escudo, y muy grande será tu recompensa. Abram responde que no tiene hijos y que su heredero será Eliezer de Damasco, un siervo de su casa. Entonces Dios lo lleva fuera de la tienda y le dice: mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes. Así de numerosa será tu descendencia. Abram creyó al Señor, y el Señor se lo reconoció como justicia.

Esta es una palabra para animarte. No predicamos la teología de la prosperidad, pero tampoco predicamos la teología de la miseria: lo contrario de lo equivocado no siempre es lo correcto. Dios desea bendecir tu vida.

Abraham fue llamado a los 75 años, en Ur de los caldeos, una tierra idólatra. Hasta los 99 años, recibió de Dios varias promesas sobre su descendencia. En ese proceso, veo cinco puntos que también aparecen en nuestra vida: limitación, perspectiva, naturaleza de Dios, capacidad y transformación.

1. La limitación

Dios promete descendencia, y Abram mira su realidad: no tengo hijos, mi heredero es un siervo. No estaba siendo pesimista ni optimista. Solo estaba describiendo lo que veían los ojos naturales. Era rico, pero Sara era estéril y ya no tenía edad para tener hijos.

Mirar la realidad no es pecado. Es sabiduría. Proverbios y Eclesiastés nos enseñan a vivir de forma práctica. Pero hay una diferencia entre realidad y verdad.

  • Cuando Samuel ungió a David, la realidad era que Saúl reinaba en Israel.
  • La verdad de Dios era que David ya era el rey escogido.

El optimismo y el pesimismo pertenecen a lo natural, al temperamento. La fe pertenece a lo espiritual. Y la verdad de Dios es eterna. El nombre Abram significaba "padre enaltecido" cuando todavía ni siquiera tenía un hijo. La Palabra de Dios penetra más hondo que cualquier esfuerzo natural, hasta dividir alma y espíritu (Heb 4:12).

2. La perspectiva

Dios empieza hablando con Abram dentro de la tienda y termina hablándole fuera de ella. Además del problema, Abram tenía una perspectiva equivocada del problema. Dentro de la tienda, aunque fuera la mejor tienda del desierto, al mirar hacia arriba solo vería el techo.

La tienda representa lo que construiste con tus propias manos. Cuando miras la vida desde ella, todo parece limitado. A veces lo llamamos modestia: "no hace falta tanto". Pero es solo visión natural, sin nada de fe. Si podemos hacerlo todo con nuestras fuerzas, ¿para qué necesitamos fe?

Jesús dijo: abran los ojos y miren los campos, ya están maduros para la cosecha (Jn 4:35). La fe no es optimismo. La fe es mirar las cosas desde la perspectiva de Dios.

La viuda de Sarepta tenía el último puñado de harina, y el profeta Elías le pidió que primero le hiciera un pan a él (1 R 17:8-16). Ella tuvo que pasar de la perspectiva natural a la espiritual, y solo después sucedió el milagro. No esperes el milagro para creer. Israel vio salir agua de la roca y aun así murmuró. Tú crees, y entonces sucede el milagro.

3. La naturaleza de Dios

"Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas." Los cielos cuentan la gloria de Dios (Sal 19:1). Él llama a cada estrella por su nombre (Sal 147:4). Un Dios ilimitado hace cosas que revelan quién es Él.

A veces queremos que Dios mejore tres cositas en nuestra tienda. Pero Dios no da regalos de nuestro tamaño: da regalos de su tamaño. Cuando nosotros le regalamos algo a alguien, damos según nuestra realidad. Dios da según la suya. Él es dueño de todo el oro y de toda la plata.

La pequeñez no es humildad. Y la grandeza que Dios le prometió a Abraham nunca fue acerca de Abraham. Era para que en él fueran bendecidas todas las familias de la tierra (Gn 12:3), porque de su descendencia vendría Jesús. Lo que Dios hace en tu vida es para su gloria, no para la tuya.

4. La capacidad

Sara dijo que el Señor no le había permitido tener hijos (Gn 16:2). Miró su propia capacidad. Eliezer era lo que tenían. Agar, la sierva egipcia, era lo que lograban producir. Así nació Ismael.

Mirar la realidad no es pecado. Pero intentar producir la promesa con tus propias fuerzas es caer en lo carnal. Pablo enseña que Ismael nació según la carne e Isaac según el Espíritu (Gál 4:23, 29). La promesa de Dios es para lo que es engendrado en el Espíritu.

Al planificar el año, muchas veces solo multiplicamos lo que ya hicimos. Eso sigue siendo mirar desde la tienda. Dios no quiere solo multiplicar tu pasado. Él quiere hacer algo nuevo. Eliezer es lo que tienes, Ismael es lo que logras hacer, pero Dios quiere darte un Isaac, algo que nunca produjiste.

5. La transformación

A los 99 años, cuando Ismael ya tenía 13, el Señor visitó a Abraham y le prometió que en un año Sara tendría un hijo. Sara se rió. ¿Dónde estaba? Dentro de la tienda (Gn 18:10-12). Las cosas que el Espíritu dice no caben dentro de la tienda.

La fe viene como resultado de oír la Palabra de Dios (Ro 10:17), no del milagro. En esa misma época, a los 99 años, Dios le cambió el nombre de Abram, "padre enaltecido", a Abraham, "padre de una multitud" (Gn 17:5), cuando todavía no tenía el hijo de la promesa. Se convirtió en nuestro padre en la fe, el hombre que esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Heb 11:10).

Todo lo que Dios hace en nuestra vida revela quién es Él. Y, al conocer quién es Él, entendemos quiénes somos en Él.

Conclusión

Basta una palabra de Dios para cambiar tu realidad. Él no está haciendo cuentas para bendecirte. Su medida es apretada, sacudida y desbordante (Lc 6:38), y no es solo para ti: es para compartir.

¿Cuál es la tienda que ha limitado tu mirada, y qué pasaría si hoy salieras de ella para mirar las estrellas que Dios quiere mostrarte?

Bosquejo de este sermónSal de tu tienda